13 de noviembre de 2017

Primer día

Hoy es el primer día
de los tantos que vendrán
en los que ya no compartirás
algunas de tus cosas conmigo.

Hoy asoma el día
en que empezarás a desarrollar otras facetas
a las que no lograré llegar nunca
como sí lo harán tus mejores amigos.

El día en que esos tantos caminos
que te abrirás en la vida
te llevarán a lugares preciosos
y algunas veces un tanto tristes.

Hoy inicia el día
para el que no pude prepararte nunca,
en todos estos años de protegerte,
de cuidarte, de resguardarte, de quererte.

Y yo te miro alejarte, te miro crecer.
Y me muero de envidia y de celos
por todos esos caminos que indefectiblemente
me dejarán afuera de vos.

Pero luego te veo brillar como loco,
y me río, orgullosa
y no me cabe en el cuerpo
tanto, tanto amor.

27 de octubre de 2017

A veces

A veces, para que sane,
tiene que doler hasta el final.

Hasta que sangre,
hasta que cicatrice,
(y que sangre
y que vuelva a cicatrizar).

A veces tiene que dolerle hasta
al último hombre.
Hasta la punta del pelo,
hasta el dedo meñique del pie.

Hasta el hueso,
hasta el fondo de la cicatriz.

13 de octubre de 2017

Paseo

Siempre me pasa lo mismo. Termino aceptando la invitación porque nunca puedo decirle que no. Pero un paseo por el centro de la ciudad, un sábado a las cuatro de la tarde, no es precisamente mi idea de un atractivo de fin de semana.
Aún así busco mi mochila, me calzo los auriculares y salgo a la calle. Antes de cruzar el puente que me separa del centro ya puedo ver qué tan a contramano voy: camino en sentido diametralmente opuesto a la horda de gente que vuelve a sus casas (o que llega de visitas, vaya a saber).
Pasadas las dos o tres de la tarde, el centro se vacía por completo. Todos huyen de esa mole de cemento que los condena a horas de alienación y ceguera.
Pero yo voy a adentrarme en él.
Llego a nuestro punto de encuentro algunos minutos antes de la hora señalada y me dispongo a esperarla. Me entretengo en el vitral azul y blanco que divide uno de los balcones de la casona antigua que está al lado de la radio.
Prendo un cigarrillo y pienso en avisarle que ya estoy afuera, esperándola. Pero una idea me detiene: a los periodistas no se les interrumpe cuando están trabajando, a ver si encima se distraen y publican mal una noticia.
Como un presagio que la llenaría de tirria si pudiera verla, una paloma emprende su vuelo cuando ella empieza a cruzar la puerta que la libera de sus últimos quehaceres laborales y la dispone al fin de semana. Está hermosa. Es hermosa.
Nos abrazamos un rato y luego emprendemos la caminata. No me privo de echarle en cara su excéntrica idea: sólo a vos se te ocurre traerme a recorrer el centro un sábado a la tarde, cuando parece un cementerio, le digo. Pero ella niega con la cabeza riendo, me toma del brazo y me dice: vení, te voy a mostrar que los sábados a la tarde en el centro también tienen su encanto.
Caminamos un rato largo, nos ponemos al día, nos perdemos por las peatonales que se van vaciando y empiezan a mostrarse cada vez más inútiles.
En la Plazoleta del Fundador, la invito a una partida de ajedrez, pero me dice que tiene hambre, que volvamos luego.
Merendamos en Mandarina mientras cruzamos algunas anécdotas de nuestros respectivos trabajos y nos descubrimos en las mismas fobias, típicas de la deformación profesional que compartimos.
En la esquina, el sonido de un saxo se mezcla con una guitarra lejana y dibuja en el aire un clima de vacaciones. 
Para cuando entramos a la calle Caseros (el sol aún en nuestras espaldas) ya sólo se oye el sonido de nuestros pasos taconeando las baldosas solitarias. Ni siquiera quedan ecos de esa marea humana que de lunes a viernes deja sus huellas sobre ellas.
Hablamos sobre las tristezas.Y nos alegramos en la coincidencia: nuestras tristezas no serán nunca sus tristezas. Hablamos sobre el amor. También sobre la muerte.
Seguimos caminando. Nos quedamos en silencio. Cambiamos de tema. Nos sentamos. Retomamos otro tema.
Llegamos a una esquina. Me pide que defina ahora yo nuestro rumbo. La llevo entonces por la calle San Martín y desembocamos en la Avenida Colón, a esa hora más sucia y vacía que de costumbre.
La invito un café en el Richmond y le muestro el edificio más angosto del mundo. Me sorprendo al escucharla decir que no conoce La Mundial, emblema de dos arquitectos franceses. Queda fascinada. Nos acercamos a la puerta. Lee la historia.
Uno de sus pisos está a la venta. Ella le toma una fotografía y promete hacer una cita para que vayamos a verlo y divagamos un rato sobre cómo sería vivir en un edificio tan angosto.
No puedo recordar cómo o en qué calle finalmente nos separamos. Sé que le dí otro abrazo. Sé que le agradecí el paseo. Sé que me miró muy seria y prometió que nos veríamos más seguido.
Pero con la Maga siempre es así.
Un encuentro furtivo, en cualquier horario, yendo hacia cualquier lugar.
Una invitación a redescubrir cosas que siempre estuvieron ahí, pero que habíamos olvidado.

3 de octubre de 2017

Polaroid

Como si en la vida
sólo se tratase de enfocar.

Como si fuésemos una Polaroid ordinaria
a la que le basta poner bien el foco
y disparar.

Como si vivir no fuese
el más traicionero de todos los planes.

15 de septiembre de 2017

Es este cuerpo
que ya no me queda
cómodo.

Es esta voz
que ha perdido
toda gracia.

Son estos ojos
que sólo arrastran cansancio
sobre cada objeto que repasan.

Es esta lengua
-pastosa y entumecida-,
repitiendo frases hechas
que no conducen nunca
a nada.

Estas manos,
estos dedos,
esta piel.

Son estos huesos flacos y mustios
que ya no disimulan los fracasos.

… y sin embargo entiendo
que aún
no ha llegado el final.

16 de junio de 2017

Se me sale tu nombre
por todo el cuerpo.
Se me sale tu nombre
y no puedo evitarlo.
No importa
lo que quiera decir
es tu nombre
el que me sale.
Por los poros,
por los ojos,
de los labios.
Es tu nombre
el que aparece
en el aire,
por la calle,
entre el tránsito.
Colgando
en los andamios,
dibujando pasos
en las peatonales,
detenido
en las esquinas
esperando la luz verde
del semáforo.
Es tu nombre
el que me ronda
en los lugares
más impensados
y se ríe por lo bajo
mientras bebo de a sorbitos
el café de la mañana.
Es tu nombre el que me sale.
Se me sale tu nombre
y no lo callo
porque tu nombre
es la excusa perfecta
para así, poder nombrarte.

9 de junio de 2017

En retirada

Todo empezó el día
que dejaste de adivinarme.

Cuando tus manos
-antes decididas-
se tambalearon
sobre mi cuerpo mojado.

Cuando tus ojos
-primitivamente inquisidores-
arrastraron su mirada hacia la nada.

Debí haberlo intuido,
era mía la obligación
de haber visto las señales.

Que dejaras de buscarme
había sido la declaración evidente
de tu amor en retirada.

30 de abril de 2017

25 de abril de 2017

Decisiones

De las malas películas
he sacado siempre
mis decisiones más trascendentales.

Será por eso que fracaso
tan a menudo...
y con tanta rigurosidad.

18 de abril de 2017

In memoriam

Nos mataron un pibe.
Otro más.
(y van...).

Que “el quiebre” sea la muerte
convalida el fracaso de una sociedad
que inhala y exhala violencia hasta por los poros.
Una sociedad con pulmones repletos de ferocidad,
una sociedad corroída desde las más altas esferas
por el miedo y la miseria que nos imponen los todopoderosos de siempre.

Nos mataron un pibe.
Otro más.
(y van...).

No.
No es "normal"
acabar con la vida de alguien.

Qué me puede importar si se llamaba
Paola, Micaela, Pablo o Emanuel.
Qué me puede importar si fue violada, estrangulada,
si pasó en una cancha,
en un baile
o acabó en una alcantarilla.

Qué me puede importar
si se trató de un femicidio,
de un “ajuste de cuentas”,
de un “caso de drogas”
o de una avalancha en un recital.

Qué me puede importar,
si la discusión se sigue centrando donde no va:
en los ámbitos donde se sucedieron los hechos,
¡como si de simples compartimentos estancos se tratase!

Qué me puede importar,
si en el fondo de lo que se trata es de comprender
-de una vez por todas y para siempre-
el sentido transversal de esta escalada de violencias
que nos recorre de una punta a la otra,
que se incrusta en los tejidos de una sociedad
que de tan descompuesta,
se ha vuelto incapaz de reconocer en el otro
a un ser humano que se mueve, que respira, que tiene una vida.
Una vida. Ni mejor ni peor: simplemente una vida.
Igual que la tuya o que la mía.
Un corazón que late,
unos problemas cotidianos,
padres, tíos, tal vez hijos o hermanos,
con suerte algún trabajo.

Nos mataron un pibe.
Otro más.
(y van...).

No me cabe en el alma tanta tristeza.

29 de marzo de 2017

Instrucciones para acabar con un enojo de raíz

Ponerse el atuendo adecuado:
botas de goma, guantes de jardinería
sombrero de ala ancha en caso de sol
y un enterito a prueba de espinas.

Apoyar en suelo firme ambos pies
uno a cada lado del enojo
e inclinarse hasta atenazarlo fuertemente
con las dos manos desde la base.

Tirar con energía hacia arriba
haciendo fuerza con todo el cuerpo,
efectuando movimientos circulares
para aflojar de a poco los cimientos.

Importante: si el enojo se resiste,
aferrarse a él con más vehemencia
mientras repetimos como un mantra
que nada podría ser más grave
que dejar crecer raíces tan sombrías y dañinas.

31 de enero de 2017

Como casi todos
los rincones,
los recortes
de mi vida contigo
también se quedaron
en blanco.
A no ser por
algunos fulgores:
tristes ecos vencidos
asomando entre los escombros
de uno que otro latido.

26 de enero de 2017

Todos deberíamos
poder volar alguna vez.

Todos deberíamos saber
qué sienten los pájaros.

Todos deberíamos tener
-al menos una vez-,
su perspectiva.

8 de enero de 2017

5 de enero de 2017

Hablame

Hablame
de las cosas que suceden en segundo plano.

De las que pasan subcutáneamente,
de las que no se dicen, de las que se esconden.

Hablame
de las cosas que pujan por salirse de la piel.

De las que hieren, de las que queman.
De las que sucumben, de las que subyacen.

De las que se quedan atascadas
en el medio de la garganta, como un nudo infame y senil.

Hablame, hablame, hablame.

Hablame
hasta que se nos sequen las palabras, hasta que se nos marchite la piel.

Mi foto
Córdoba, Córdoba, Argentina
Guillermina Delupi© nació en San Luis en 1975, pero vive en Córdoba desde hace más de 20 años. En 2011 participó del Primer Certamen de Ensayos "Las Nuestras. Mujeres que hicieron historia en Córdoba" y su ensayo fue publicado en un libro que reunió todos los relatos ganadores. En diciembre de ese mismo año La Central, revista cordobesa de cultura, publicó su relato: "El hacedor de pollitos de colores". El diario Los Andes (Mendoza) publicó en 2012 el cuento "Noticia de una muerte" y en diciembre de 2013 la revista Rumbos digital publicó su relato "Las mujeres de mi familia". En 2014, la editorial Dunken incluyó su poema "De una vez" en la compilación "Letras del Face 3" y seleccionó “El hacedor de pollitos de colores” para integrar el libro de cuentos “Viajá conmigo”. En junio de 2014 ganó el 3° premio en el certamen literario nacional Paco Urondo y en septiembre del mismo año Marcel Maidana Ediciones editó su eBook de poesía: “Fantasmas de otros”. Ese año, también formó parte del jurado del primer certamen #CuentosTuitCba. Ah, su amiga Emma Gunst (emmagunst.blogspot.com.ar) publicó tres de sus poemas en el blog que reúne a mujeres poetas de todo el mundo y de todos los tiempos.